Escultura

  • La colección de escultura de Patrimonio Nacional es una de las menos conocidas, a pesar de formar un conjunto de gran importancia. Supera las 6.000 obras, realizadas en diversos materiales: bronce, mármol, piedra, barro, madera, marfil, cera, etc. La escultura para retablos y la integrada en la decoración arquitectónica representan un grupo destacado dentro de la misma. La mayor parte de las obras se localizan en el Palacio Real de Madrid, tanto en el interior como en su exterior, pues un núcleo considerable  de la colección ornamentan las fachadas y jardines de los diferentes palacios.

    Durante el reinado de Carlos V (1500-1558) comienza el coleccionismo regio, pero es con  Felipe II cuando se forma la colección de escultura. Para el rey Prudente (1527-1598) representaba ante todo un símbolo o una expresión más del status regio, o lo que es lo mismo, una posibilidad de competir con las cortes europeas del siglo XVI y de reafirmar la posición digna de un príncipe renacentista. De su padre recibe las obras encargadas a los Leoni, y su tía María de Hungría le deja en herencia su colección de esculturas clásicas y bronces antiguos. El rey Prudente (1527-1598) encargó la realización del Retablo y los Cenotafios reales de la basílica del Monasterio de El Escorial. Jacopo da Trezzo, Pompeo Leoni y Giovanni Battista Comane trabajaron en estas obras desde 1578 a 1600, en un proyecto sin precedentes en España. Los regalos diplomáticos también incrementaron su colección con obras como la serie de los emperadores o el Cristo de Cellini.

    Durante el reinado de Felipe III (1578-1621) la escultura de retablos y de madera policromada centró la producción para los monasterios e iglesias regias, con obras de grandes imagineros como Gregorio Fernández. Al igual que su padre también recibió regalos diplomáticos excepcionales. Felipe IV (1605-1665) envió a Velázquez a Italia en 1648 para comprar esculturas antiguas y hacer moldes de las piezas que no se pudieran adquirir. Velázquez pudo contratar en Roma a los fundidores Pietro del Duca y Cesare Sebastiani para realizar vaciados en bronce destinados a decorar la llamada Pieza Ochavada del Alcázar madrileño, junto con la serie de los Planetas de Jonghelinck. Fruto de esa misión son los leones en bronce dorado que adornan actualmente el Salón del Trono del Palacio Real, a los cuales hay que sumar la adquisición del Crucificado de Bernini para el Monasterio de El Escorial.

    La llegada de una nueva dinastía supuso un cambio sustancial en los ideales artísticos y estéticos de la corte española. Felipe V y su segunda esposa, Isabel de Farnesio, fueron los protagonistas de la primera compra de una colección importante de antigüedades en el mercado artístico romano. A ellos se debe la adquisición en 1724 de la colección de escultura que había pertenecido a la reina Cristina de Suecia ( 1626-1689 ), para adornar  el Palacio de la Granja de San Ildefonso. Las esculturas en mármol y los grupos en plomo barnizado imitando bronce que animan estos jardines, fueron realizados por artistas franceses como  René Frémin,  Jean Thierry, Hubert Dumandré o Jacques Bousseau.

    Durante los reinados de Carlos III y Carlos IV la colección aumentó considerablemente, sobre todo al recibir la colección del embajador Azara, que en parte se exhibe en la Real Casa del Labrador de Aranjuez. Con la creación del Museo del Prado en el reinado de Fernando VII se traslada al nuevo museo una parte de las obras maestras de la colección escultórica. Con todo, las obras que se pueden contemplar actualmente en los diferentes sitios reales son  una magnífica muestra de los mejores artistas de cada periodo. Artistas italianos como Leoni, Bernini o Cellini comparten obra con los imagineros del barroco español, como Gregorio Fernández, Pedro de Mena, José de Mora o Luisa Roldán, cuyas obras se localizan en los patronatos reales. La escultura de los siglos XIX y XX se centra en los retratos de la familia real, obra de autores tan reconocidos como José Piquer, Francisco Pérez del Valle, Agustín Querol o Mariano Benlliure, entre otros.

    Resumen:

    La colección de escultura de Patrimonio Nacional está constituida por un conjunto de gran importancia. Supera las 6.000 obras, realizadas en diversos materiales: bronce, mármol, piedra, barro, madera, marfil, cera, entre otros. La escultura para retablos y la integrada en la decoración arquitectónica representan un grupo destacado  dentro de la misma.