Textiles y Tapicería

  • La colección de tapices del Patrimonio Nacional alcanza 3000 piezas, cifra que reúne la colección real, compuesta por tapices flamencos atesorados por la casa de Habsburgo y tapices españoles fabricados para los monarcas de la Casa de Borbón; las colecciones conservadas en los Patronatos Reales de Las Huelgas de Burgos, las Descalzas Reales de Madrid y Doncellas Nobles de Toledo; así como los tapices tejidos en el siglo XX para el Patrimonio Nacional y el Valle de los Caídos.

    La colección real española, considerada desde el siglo XIX la más representativa en Europa de la producción flamenca, reúne más de quinientos paños procedentes de las manufacturas de Bruselas, Brujas y Amberes, aunque también atesora ejemplares de las manufacturas de París y Beauvais, la Arazzeria Florentina y la manufactura romana del Hospital de San Miguel.

    El papel desempeñado por los tapices en la decoración como arte cortesano les concedió desde la Edad Media un lugar preponderante en las ceremonias y celebraciones públicas de acuerdo con la etiqueta real, perdurando hasta nuestros días. Además, los monarcas españoles consideraron los tapices como alhajas representativas de la autoridad real. Las adquisiciones efectuadas por Isabel la Católica y, en especial, el mecenazgo de Juana I de Castilla, Carlos V y Felipe II acrecentaron la colección con obras maestras como Los Paños de Oro, Los Honores, La Conquista de Túnez y El Apocalipsis. Sucesivas herencias y encargos directos enriquecieron progresivamente la Real Tapicería, cuya unidad se mantuvo gracias a las disposiciones testamentarias establecidas por Felipe II, que la vincularon a la Corona.

    Los tapices renacentistas de los reinados de Carlos V y Felipe II son los de mayores dimensiones, con alturas superiores a los cinco metros y longitudes que superan los diez metros. Estas series monumentales basadas en asuntos históricos y alegóricos, fueron concebidas como espejos de príncipes y crónicas de sus conquistas. Para ello se apoyaban en extensos programas iconográficos redactados por humanistas, historiadores y pintores de corte.
    Las tapicerías vinculadas a los reinados de Felipe III y Felipe IV, y al gobierno de los archiduques de los Países Bajos, Alberto de Austria (1559-1621) e Isabel Clara Eugenia (1566-1633), fueron difusoras de las grandes alegorías barrocas de la Contrarreforma, como el Triunfo de la Eucaristía de las Descalzas Reales, donde se manifiesta el cambio de gusto y la introducción de nuevas técnicas vinculadas a la labor de Pieter Paul Rubens como maestro cartonista.

    El segundo gran bloque numérico, equiparable a la grandiosa colección flamenca, es el formado por los más de ochocientos paños de producción propiamente española. Los tapices tejidos en la Real Fábrica de Tapices de Madrid, fundada por Felipe V en 1719, se destinaron a las decoraciones de los apartamentos reales en el Palacio Real de Madrid y a los palacios de jornada de la Granja de San Ildefonso, Aranjuez, El Escorial y El Pardo. Colección a la que se suman las alfombras tapiz, encargadas por Carlos III, Carlos IV y Fernando VII para cubrir los suelos de mármoles de las Casas de Campo de Aranjuez, El Pardo y El Escorial. La labor continuada de Francisco de Goya como cartonista, desde 1775 hasta 1792, realzó la contribución de la Real Fábrica de Tapices de Madrid frente al resto de las manufacturas europeas del siglo XVIII.