El Padre Eterno bendiciendo

Tipo Objeto: 
Abanico
Autor: 
José Colomina
Fecha: 
H. 1858
Materia y técnica: 
Nácar blanco y burgau, aguada y dorado sobre tela y papel
Dimensiones: 
28,2 x 54,4 cm. Vuelo: 180º
Localización: 
Número de inventario: 
10053035
Descripcion: 

Abanico con varillaje (15+2) y fuente de nácar tallado, grabado y calado, con aplicación de fondo de nácar burgau. Sigue el patrón de los abanicos rococós de mediados del siglo XVIII. Tiene su varillaje trabado con arranque recortado curvo y hombros rectos. Sobre un friso inferior de hélices y rocallas caladas, el campo se decora con tres cartelas figuradas simétricas. La central y mayor representa un encuentro galante en el campo, de estilo neo-rococó, con parejas de jóvenes enamorados que se tienden la mano y se ofrecen cestas de flores, mientras otro toca la flauta y uno más sostiene una vara encintada. Los cartuchos laterales, de menor tamaño, contienen grupos de amorcillos jugueteando con guirnaldas de flores. Los huecos intermedios se calan con volutas arriñonadas cabriolés, ramilletes de flores y rocalla.

Las guardas están talladas en relieve y caladas, con boleta de lágrima. Se decoran con rocalla, volutas, gaita y mariposa, frutos y flores que se extienden y calan en la parte superior. Se coronan con los escudos de la Casa Real española y de Baviera, parcialmente dorados y plateados. En la guarda mayor se representa el escudo coronado de los Borbones, con cuartelado de castillos y leones y escusón de lises, alusivo a la infanta doña Amalia de Borbón (1834-1905). En la guarda menor figura el emblema de Baviera, con fuselado en bandas y escusón con la espada y el cetro cruzados, en referencia a su esposo Adalberto de Baviera (1828-1875). El clavillo es de plata, con virola de nácar y anilla de latón en forma de puente.

El país es doble, de gran vuelo, pintado a la aguada y dorado a los lados, con ribete dorado en la parte superior. El anverso de tela pintada se decora con una escena única de contenido religioso devocional. En el centro figura la imagen de Dios Padre sentado en majestad sobre la Gloria Celestial. Se rodea de una corte de ángeles y querubes, que revolotean entre las nubes y juegan con paños, en varios planos de profundidad. Los flancos se recargan con arabescos dorados de roleos vegetales, cestos de flores pintadas y medallones con símbolos bíblicos del Antiguo Testamento, flanqueados por leones y aves. A la izquierda, se agrupan las tablas de la Ley, el candelabro de siete brazos, la trompeta de Jericó, un incensario y la mitra de un Sumo Sacerdote; a la derecha, el arca de la Antigua Alianza con dos querubines. En el borde derecho de la escena está firmado con letras doradas: “F(ábri)ca de J(osé) Colomina/ VALENCIA”.

El reverso es de papel pintado y mantiene el mismo esquema compositivo, para una escena del Nuevo Testamento. En el claro de un bosque, entre matorrales y zarzas de rosas, descansa la Virgen con el Niño Jesús y San Juan Bautista Niño, que porta la vara crucífera. Tras ellos se esboza al anciano San José con el burro. Los laterales se animan con densos arabescos dorados de roleos, molduras y figuras intercaladas con otras florecillas pintadas. Entre la maraña, destacan sendos medallones rodeados de símbolos de las Letanías de la Virgen. En el izquierdo figura el anagrama de la Virgen María (“AM” coronado); y en el derecho, la paloma del Espíritu Santo igualmente coronada por rosas.

En el tercer cuarto del siglo XIX se dio cabida en los abanicos a algunos temas apenas tratados anteriormente, como fueron los de contenido religioso doctrinal. Su aparición coincide con el auge de las corrientes pietistas encarnadas en España por el Padre Claret y Sor Patrocinio, la Monja de las Llagas, con los que la reina Isabel II mantenía un estrecho contacto. En este contexto ha de interpretarse este abanico fabricado para la infanta doña Amalia de Borbón, prima de la reina Isabel II y Princesa de Baviera.

José Colomina fue uno de los fabricantes de abanicos más prestigiosos del siglo XIX en España. Su trayectoria se entronca en la creciente industria abaniquera valenciana, que despegó en el primer tercio del siglo con los talleres de Simonet, Chara, Montagnac y Coustellier. José Colomina se empeñó especialmente en modernizar la industria abaniquera y contrarrestar las importaciones francesas. Sus esfuerzos fueron reconocidos por la reina Isabel II, que le otorgó en 1859 el privilegio de ser Proveedor de la Real Casa, y por Amadeo I de Saboya, que le nombró marqués en 1872.

En una de las facturas de abanicos entregados por su pariente Juan Colomina a la reina en 1858, figura un abanico de tema similar con varillaje de marfil, que coincide con "El Padre Eterno bendiciendo" de la colección de abanicos de Patrimonio Nacional. Las únicas diferencias estriban en el país del reverso, que representa una Adoración de los Pastores, y en el blasón de la fuente con las Armas de la Casa Real española. En la misma factura se registraron otros dos abanicos de tema campestre y mitológico marcados con los escudos de la infanta Amalia.

 

 

Bibliografía: 

Valverde Merino, J. L. “El Padre Eterno bendiciendo”, en El abanico español. La colección del Marqués de Colomina, [exposición], Lugo-Ferrol-Valencia, 2008, pp. 158-159.