La feria de Madrid en la Plaza de la Cebada

Tipo Objeto: 
Abanico
Autor: 
Anónimo español
Fecha: 
H. 1760
Materia y técnica: 
Marfil pintado y calado, aguada y acuarela sobre papel
Dimensiones: 
29,1 x 55,8 cm. Vuelo: 170º
Localización: 
Número de inventario: 
10145254
Descripcion: 

Abanico con varillaje (22 + 2) y fuente de marfil tallado, calado, grabado, pintado, barnizado y dorado. El varillaje, de esqueleto incipiente y trabado, está decorado con tornapuntas imbricadas y motivos de celosías, cintas y flores, cestos florales y rocallas. En reserva quedan talladas figuras simétricas de amorcillos y mujeres con abanico, que alternan con pagodas chinescas. Los netos se cubren en horror vacui con miniaturas de parejas de tipos populares madrileños.

Las guardas están trabajadas con la misma técnica y repiten los motivos de tornapuntas, rocalla, hojas y flores, un dragón, una mujer pintada y una dama con jubón tallada, recortándose sobre un fondo de hoja metálica roja. El clavillo es de plata y tiene un remache con un brillante engarzado.

El país es doble, de papel con amplio vuelo y ribete dorado en la parte superior. Está dibujado a tinta y pintado a la aguada y acuarela, con dorado en los bordes.

El anverso está decorado con una escena única de carácter costumbrista. Representa una panorámica de la madrileña Plaza de la Cebada en un día de feria, tomada desde un punto de vista alto. Siguiendo la curva del país, se despliega un fantástico muestrario de curiosos, paseantes, tenderos y buhoneros que venden sus productos. Desperdigados entre la multitud puede verse a varios cacharreros con cazuelas, cuencos, jarras, sartenes y calderos extendidos en el suelo; vendedoras de platos y vajillas de loza, aguadores con viñetas que salen de sus bocas diciendo “Agua”; cuatro tiendas enfiladas donde se exponen paños textiles, y varios vendedores de barreños y objetos de madera o barro.

El variopinto mercadillo es visitado por una multitud de personajes que se interesan por los géneros o simplemente pasean y charlan en corrillos. En la curva interior se concentran grupos de caballeros con sus capas y sombreros de ala ancha, algunos presenciando la comitiva de carruajes. Las mujeres bien acompañan a sus consortes o se arraciman en torno a las tiendas de telas. De forma concéntrica, por el anillo exterior discurre un desfile de berlinas o carrozas cerradas, todo un espectáculo para el pueblo, llevadas por uno o dos tiros de caballos conducidos por palafreneros de librea. A su paso por las casas, una de las vecinas grita “Agua va”, a lo que su marido abajo le replica “Echa”. En las proximidades de los bordes se distingue además un carruaje abierto, una silla de manos de un aristócrata con su séquito, nobles con peluca y algunas mujeres y meninas con abanico.

La plaza se conforma como un trapecio con el caserío de balconadas que lo circunda. Al fondo se reconoce la fuente monumental diseñada por Juan Gómez de Mora y la iglesia de Santa María de Gracia, ambas desaparecidas, la cúpula de la capilla de San Isidro y una linterna que parece de la iglesia del Convento del Sacramento, aunque su orientación no es la adecuada. Los márgenes se cierran con ramos sinuosos de flores rosas abiertas, y con un recorte angular con trampantojo romboidal, pintado y dorado.

El reverso está pintado en reserva con una gran cartela central y a los lados un bodegón de frutas y aves. En la cartela, delimitada por una orla curva mixtilínea, se ofrece una “postal” turística con dos vistas del Madrid antiguo separadas por un medallón explicativo con un cesto de flores pintado, similar a los de los extremos de la orla. En él aparecen citados con letras doradas varios de los enclaves que aparecen en el país: “Ferai (sic)/ Plaza de la Cebada/ A. S(a)n Isidro-/ B. Nuestra S(eño)ra de Gracia/ C. Parte de la Plaza mayor/ D. Casa Profeso (sic)-/ E. Buen Suceso y Puerta (sic)/ del - Sol”. De acuerdo con ello, a la izquierda se representa una vista fragmentada de la Plaza Mayor, con tiendas de cacharros y varios vecinos en primer plano. Al fondo se recorta la cúpula de la desaparecida Casa Profesa de San Francisco de Borja, de religiosos jesuitas. En la imagen de la derecha se aprecia una vista parcial de la Puerta del Sol, con la fachada de la iglesia de Nuestra Señora del Buen Suceso, entre la Calle de Alcalá y la Carrera de San Jerónimo, derribada con la ampliación de la plaza en 1854.

En los laterales se ha pintado en reserva un bodegón de frutas con sus vástagos de hojas, de aves y de insectos. Entre ellas, se reconocen ciruelas, pera, manzana, naranja, cerezas, melocotones, jilgueros, una libélula, una abeja y una mariposa que han sido pintados con gran realismo y viveza de color. Los bordes se recortan con escotaduras doradas y dejan ver un trampantojo de red romboidal dorada sobre fondo malva.

Este abanico es uno de los más singulares, significativos y mejor acabados de las Colecciones Reales de Patrimonio Nacional. La escenificación de la feria es un espléndido cuadro de costumbres que refleja la vida cotidiana del Madrid que encontró Carlos III a su llegada a España. Resulta significativo ver la abundancia de tipos masculinos cubiertos con la capa y el sombrero chambergo tradicionales hispanos, que el rey prohibió en 1766 desencadenando la rebelión popular contra el ministro Esquilache.

La Plaza de la Cebada fue durante el siglo XVIII la sede de las fiestas de comienzos de otoño. Para los madrileños era además uno de los mentideros más populares, lugar de concurrencia y punto de alquiler de transportes. Al igual que en este abanico, el pálpito vital del pueblo fue reflejado por Manuel de la Cruz en el lienzo homónimo del Museo Nacional del Prado, y por su hermano Ramón de la Cruz en el sainete Los resultados de las ferias.

Aparte de sus cualidades materiales y artísticas, este abanico se considera de excepcional interés por contener la imagen de varios monumentos desaparecidos de la ciudad como la iglesia de Nuestra Señora de Gracia, la Casa Profesa o la iglesia de Nuestra Señora del Buen Suceso. En él existe una clara intención de reproducir la realidad tangible en sus detalles más nimios, con una frescura y un gusto por lo anecdótico que los distinguen de otras escuelas. La pintura de la Feria es idéntica a la que aparece en un abanico de la colección del Duque de Alba, publicado en el catálogo de la exposición El abanico en España (Madrid, 1920, cat. n.º 117).

Bibliografía: 

Armstrong, N.  Fans in Spain, London, 2004, pp. 150-151.

Valverde Merino, J. L. Abanicos del siglo XVIII en las colecciones de Patrimonio Nacional, Madrid, 2007, pp. 310-311.