Retablo mayor de San Lorenzo de El Escorial

Tipo Objeto: 
Retablo
Autor: 
Pompeo Leoni (hacia 1533-1608), Jacome da Trezzo (1515-1589) y Juan Bautista Comane ( ?- 1582)
Fecha: 
Entre 1579 y 1588
Materia y técnica: 
Mármol, bronce dorado
Dimensiones: 
24 x 14 m. aprox
Coleccion: 
Felipe II
Número de inventario: 
10034750
Descripcion: 

Todos los cronistas que se han ocupado de El Escorial alaban la belleza y materiales de su retablo mayor: “los materiales empleados para su embellecimiento y ornato son jaspes finísimos, metal y bronce dorado a fuego. Es como un alarde artístico: lucénse en él todos los órdenes de la arquitectura greco-romana, escepto el toscano” . El 10 de enero de 1579, Jácome Trezzo, Pompeo Leoni y Juan Bautista Comane conciertan con el rey Felipe II y la Congregación monasterial, la ejecución, con sus propios medios, trabajadores y equipos, de la arquitectura y escultura del retablo principal, tabernáculo y sepulcros de la iglesia principal de El Escorial. Las condiciones de las obras, a las que iban unidas las correspondientes trazas, hoy perdidas, son meticulosas y harto precisas. El plazo para toda la obra es de cuatro años. Dicho contrato delimita perfectamente la parte que debía ser realizada por cada artífice: Trezzo y Leoni, los verdaderos artífices, se encargarían de la arquitectura y la escultura respectivamente, mientras que Comane, que muere muy pronto, era un simple maestro de cantería que quedaría al cuidado del gobierno y explotación de las canteras de mármol y jaspe para llevar a cabo esta obra.

El retablo consta de cuatro cuerpos con sucesión de órdenes: el primer cuerpo es dórico, con seis columnas estríadas de mármol sanguíneo y basas y capiteles de bronce dorado a fuego, como en los restantes cuerpos. Entre las columnas, cuatro nichos con fondo de jaspe verde contienen cuatro estatuas de los Doctores de la Iglesia. Bajo un gran arco central revestido de jaspe de diversos colores se halla la custodia. El segundo cuerpo, bajo un podio de mármol sanguino, es jónico, con columnas del mismo mármol, pero con “embutidos” verdes en sus pedestales; en los intercolumnios laterales, cuatro figuras de bronce de los Evangelistas. El arquitrabe de dicho cuerpo es de jaspe sanguíneo oscuro. El tercer cuerpo es corintio, con cuatro columnas. En sus extremos hay dos pirámides de jaspe verde y dos esculturas de apóstoles. El último cuerpo es de orden compuesto y se organiza con dos columnas entre las cuales se sitúa una capilla cuadrada revestida en su fondo de jaspe verde. Sobre los capiteles de las columnas, apoyado en modillones de bronce, carga un hermoso frontispicio de mármol sanguíneo de figura triangular en que remata todo el Retablo.
Las esculturas del retablo son de mayor tamaño cuanto más alto es el lugar que les corresponde, de manera que miden desde aproximadamente 1,95 m. en los dos primeros cuerpos, hasta 2,50 m. en el último. Es una eficaz corrección óptica cuando el retablo se contempla desde el suelo, pero cuando se mira desde el coro elevado a los pies de la basílica parece un tanto pesado por arriba.
Esta práctica de aumentar el tamaño de las figuras en relación a su situación en el retablo no era nueva. Pueden verse ejemplos en las catedrales de Toledo, Valladolid y Astorga. Las dificultades surgían, sin embargo, cuando el arquitecto, de acuerdo con las reglas de la arquitectura clásica, disminuía el tamaño de los órdenes según se iba superponiendo: entre el primer y segundo piso hay una reducción de un octavo. En consecuencia, los Evangelistas son demasiado altos para sus nichos. Como la estructura de mármol y jaspe se fabricó en España y se asentó antes, debió de haber algún disgusto cuando el Rey decidió, unos seis años después de que se firmara el contrato, que el Crucifijo debía ser más grande.
La obra en bronce para el retablo  requería mano de obra especializada y por ello Pompeo se ocupó de buscar oficiales cualificados para realizar este grandioso conjunto. A la luz de todos los documentos y estudios que han ido apareciendo ya nadie duda de los diferentes artífices que intervinieron en la ejecución de cada una de las esculturas, cuya biografía se puede ir relatando paso a paso, como si fueran vidas humanas, pues conocemos cuando se hizo el modelo en barro, cuando se fundieron, cuando se repasaron, cuando fueron enviadas a España y cuando se colocaron en el retablo. Fueron más de 60 oficiales los que participaron en todo este proceso.

 

Bibliografía: 

Fray José de Sigüenza, La Fundación del Monasterio de El Escorial, Madrid, 1988;
Agustín Bustamante García, “Las estatuas de bronce del Escorial. Datos para su historia (I)”, Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte, UAM, vol. V, 1993, pp. 41-57 y  vol. VI, 1994, pp. 159-77
Rosemarie Mulcahy, “A la mayor gloria de Dios y el Rey”: La decoración de la Real Basílica del Monasterio de El Escorial, Madrid, Editorial Patrimonio Nacional, 1992