La mesa de los siete pecados capitales

Tipo Objeto: 
Pintura
Autor: 
Hieronimus van Aeken Bosch, llamado el Bosco (Hacia 1450-1516)
Fecha: 
Finales del siglo XV
Materia y técnica: 
Óleo sobre tabla
Dimensiones: 
120 x 150 cm
Coleccion: 
Felipe II
Localización: 

Depósito temporal en el Museo Nacional del Prado, P02822

Número de inventario: 
10011840
Descripcion: 

Esta obra temprana de El Bosco, firmada con su habitual rúbrica -HIERONIMUS BOSCH- bajo la filacteria inferior, es otra de la obras coleccionadas por Felipe II con un claro mensaje didáctico y moralizador, como así lo demuestran los letreros en latín sacados del Deuteronomio, que advierten de las consecuencias del pecado.  Las imágenes y escenas representadas deben ser entendidas como una verdadera llamada al fiel para obrar bien y seguir el camino que le indica Cristo, que aparece en un pequeño círculo en el centro de la composición, a modo de ojo universal que todo lo ve.  La inscripción latina que lo circunda -“CAVE, CAVE D(OMIN)US VIDET” (“Cuidado, cuidado, Dios está mirando)-, recuerda el papel vigilante de Dios y la representación de Cristo como “varón de dolores” ha de entenderse como recordatorio de su sacrificio en la cruz para la redención de la humanidad. 

Ese pequeño círculo está inscrito en otro mayor, en cuyo anillo exterior se desarrollan siete compartimentos donde se reproducen los pecados capitales, identificados cada uno por una inscripción.  Los pecados aparecen representados como verdaderas escenas de la vida cotidiana, unidas por un fondo de paisaje común, que se puede incluso vislumbrar en aquéllas que se desarrollan en interiores a través de las ventanas.  Y en las cuatro esquinas del gran rectángulo que conforma la composición, se inscriben cuatro pequeños círculos que ilustran las Postrimerías:  Muerte, Juicio, Infierno y Gloria.  De todas ellas, destaca el Infierno, porque en ella se han querido distinguir los castigos que corresponden a cada uno de los siete pecados, con lo que se quería conmover de forma más directa al fiel pecador.  De esta forma, se sabe que los soberbios se contemplan en el espejo del diablo, los irascibles son atravesados por una espada, los avaros se hierven en una caldera, los envidiosos son atacados por los perros, los golosos reciben serpientes y sapos como comida, o los lujuriosos son atacados por monstruos en el lecho. 

La tabla aparece por primera vez documentada en los “Comentarios de la pintura” de Felipe de Guevara de 1560, quien nos indica que ya estaba en posesión de Felipe II.  El rey ordenó enviarla en 1574 al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, donde se instaló en sus aposentos, según nos indica el jerónimo Fray José de Sigüenza.  En ese mismo lugar ha permanecido a lo largo de su historia, hasta que en 1936 se trasladó al Museo Nacional del Prado como depósito de Patrimonio Nacional.


Procedencia:

Colección de Felipe II, Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, 1560.
 

Bibliografía: 

Fr. J. de Sigüenza, 1605, Ed. 1988, p. 381.

P. Silva Maroto, “En torno a las obras del Bosco que poseyó Felipe II”, en “Felipe II y las artes”, 2000, pp. 533-551.

P. Silva, Guía de la pintura flamenca de los siglos XV y XVI, Madrid, 2001, pp. 150-155.