Traje de saya encordada, pellote y manto de don Fernando de la Cerda

Tipo Objeto: 
Traje compuesto por saya encordada, pellote y manto
Fecha: 
Anterior a 1275
Materia y técnica: 
Seda, hilos entorchados
Dimensiones: 
Pellote: 130 x 100 cm; Saya: 130 x 100 cm; Manto: 122 x 390 cm
Coleccion: 
Panteón Real del Monasterio de las Huelgas de Burgos, sepulcro del Infante don Fernando de la Cerda
Número de inventario: 
00650524, 00650538 y 00650526
Descripcion: 

El traje se compone de una saya, de cuello redondo y mangas estrechas, con cuerpo recto y faldón con hendidura central. Sobre fondo pardo discurre una decoración hecha a base de escudos con castillos y leones. Conserva su forro antiguo de tafetán carmesí. Sobre esta se viste el pellote, con cuello redondo que deja hombros y torso al aire por las dos grandes escotaduras laterales que presenta, terminando en una falda recta con hendidura central. Todo se cubre con un manto de corte semicircular. Las tres prendas se decoran con escudos heráldicos de castillos y leones. La cabeza estaba tocada con el birrete nº 00650523.

El Monasterio de Santa María la Real de las Huelgas de Burgos, fundado en 1187 por Alfonso VIII y Leonor Plantagenet, sirvió durante los siglos XIII y XIV como panteón de la familia real castellana. La apertura de sus sepulcros, realizada con un fin científico de estudio, se produjo entre 1942 y 1944, y proporcionó lo que hasta la fecha es el mejor conjunto de indumentaria civil medieval del mundo, tanto en cantidad como en calidad. A pesar de las aperturas violentas sufridas a lo largo de la historia, una de las sepulturas del panteón, atribuida al emperador Alfonso VII, permaneció intacta hasta el siglo XX. Tras su apertura y estudio se adjudicó al infante Fernando de la Cerda (1255 -1275), heredero de Alfonso X el Sabio. El sepulcro, con todo su contenido intacto, se revela como un ejemplo único para describir el modo de enterramiento y la riqueza del ajuar, que se reservaba para la monarquía castellana del siglo XIII.

El infante fue sepultado con su propio traje, complementado con un anillo en su mano derecha, un bello cinturón, su espada, y unos acicates. Su cuerpo reposaba sobre varias almohadas en un ataúd de madera forrado, tanto al exterior como al interior, con  ricos textiles. A diferencia de épocas anteriores, los hombres del siglo XIII gustaron de cubrir sus cabezas con diferentes tocados, siendo un ejemplo excepcional este birrete decorado con las armas del infante.

Su indumentaria se componía de tres prendas, que ejemplifican a la perfección la moda masculina del siglo XIII: una saya encordada, que quedaba ajustada al cuerpo mediante una cuerda situada en el costado izquierdo; un pellote de grandes escotaduras laterales; y un manto forrado de piel que se sujetaba por medio de cuerdas. Todas las prendas están adornadas con decoración de heráldica de escudos con castillos y leones.

Siguiendo a Carmen Bernis, la saya sería el primer vestido que se pondrían los hombres sobre la camisa. De mangas estrechas, podía ser tanto ablusada como ajustada, sobresaliendo las encordadas como signo de categoría distinguida. En cuanto al pellote, vestidura muy extendida en la Europa occidental, España aporta una característica en esta prenda que la diferencia de la moda europea: unas grandes escotaduras laterales, dejando al descubierto el hombro hasta la cadera, y una reducción de la prenda a un cuello y una tira central de tela, como sucede en los pellotes de Enrique I y en éste perteneciente a Fernando de la Cerda, que además iba forrado en piel. La capa con cuerdas es de corte semicircular, forrada de piel, y con cintas para ajustarla en el cuello. Fue una prenda típica de la moda del siglo XIII.

Según describe Manuel Gómez Moreno, la momia del infante apareció vistiendo el pellote debajo de la saya, al contrario de lo que evidencian todas las representaciones artísticas de la época. El motivo del por qué se hizo así es desconocido. Los cuartelados de castillos y leones son las armas que correspondían al infante, primogénito de Alfonso X, y responde al gusto por la llamada moda heráldica, en la que este motivo decorativo invade todo tipo de superficies en la segunda mitad del siglo XIII: adorna varios sepulcros en el Monasterio de las Huelgas, pero también decora el ajuar textil y las prendas de indumentaria, como estos vestidos del infante Fernando de la Cerda, o el manto del rey Fernando III el santo. El Libro de los Juegos y las Cantigas de Alfonso X el Sabio ofrecen varios ejemplos de indumentaria que siguen esta moda heráldica.
 

Bibliografía: 

BERNIS MADRAZO, Carmen, Indumentaria medieval española. Madrid: Instituto Diego Velázquez del Consejo Superior de   Investigaciones Científicas, 1956.

DESCALZO, Amalia. "Les vêtements royaux du monastère Santa Maria la Real de Huelgas." In Fashion and clothing in late medieval Europe, edited by Regula Schorta y Reiner Christoph Schwinges, 97-106. Suiza: Abegg-Stiftung, Riggisberg, 2009.

GÓMEZ MORENO, Manuel. El Panteón real de las Huelgas de Burgos. Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1946.

HERRERO CARRETERO, Concha. Catálogo del Museo de Telas Medievales. Patrimonio Nacional, 1988

LUIS SIERRA, Lourdes de.  “Fragmento de tejido perteneciente a la indumentaria de Fernando de la Cerda”, en  Isidro G. Bango Torviso (dir.), Alfonso X el Sabio [cat. Exp] Murcia: Novograf,  p. 150.

MENÉNDEZ PIDAL, Faustino. Heráldica de la casa real de León y de Castilla: siglos XII- XVI. Madrid: Hidalguía, 2011.

YARZA LUANCES, Joaquín. Vestiduras Ricas. El monasterio de las Huelgas y su época 1170-1340. [cat. exp. Madrid, Palacio Real]. Patrimonio Nacional, 2005.